El aborto es ilegal en Brasil, pero cada año un millón de mujeres terminan sus embarazos en forma prematura en clínicas prohibidas o con métodos artesanales. La brasileña Jandira dos Santos Cruz desapareció a fines de agosto cuando fue a una clínica clandestina a hacerse un aborto. Sus restos calcinados fueron hallados un mes después. La muerte de la joven, que tenía dos hijos, volvió a plantear el costo humano de una realidad trágica