Budi pasó sus primeros meses de vida encerrado en una jaula para gallinas y sufriendo malnutrición.
Ahora, gracias a la ayuda de una protectora de animales indonesia, el orangután se recupera y recibe una alimentación correcta.
Por desgracia, el tiempo pasado en la esa minúscula jaula impedirá que se pueda desarrollar con total normalidad.