Nacido el 3 de junio de 1937, en Ponce, Ismael Quintana se convirtió en el primer miembro de su familia que optó por desempenarse en una rama del arte. Hijo de padres humildes y trabajadores -su progenitor fue marino mercante y su madre costurera-, su principal atracción de nino fue el deporte, en particular el béisbol.
"Yo nací en Ponce, Puerto Rico, el día 3 de junio de 1937. Yo no tuve juventud en Puerto Rico; a los diez días de haber nacido, me transportaron a Nueva York. Así que yo nunca he vivido en Puerto Rico. Sí he ido muchas veces a visitar mi familia; tengo una hermana allá. Todos son de acá, de Nueva York; ellas todas nacieron acá en los Estados Unidos. Pero yo nací en Puerto Rico, por lo cual tengo un gran orgullo. Lo que pasó fue que mi mamá fue a pasar unas vacaciones allá, y estaba en cinta de mí. Y, cuando fue a tomar el transporte - el vapor o barco, en ese tiempo - , le dijeron: "Senora, usted no puede montarse en este barco en la condición en que está". Entonces, ella tuvo que esperar que yo naciera, y, diez días después de yo haber nacido, se regresó a la ciudad de Nueva York. " - comenta.
En su adolescencia, Ismael Quintana, que creció en el número 660 de Eagle Avenue, en el barrio del Bronx, comenzó a familiarizarse con el trabajo musical que desarrollaban Tito Puente, Tito Rodríguez y Frank "Machito" Grillo, considerados como la dinastía caribena de Nueva York en la década de 1950. Las interpretaciones de estas grandes agrupaciones elevaron su interés por las sonoridades rítmicas del pentagrama antillano, creciendo su devoción por las guarachas, el mambo, los cha cha chas y el son. También fue un fiel fanático del trabajo que desempenaba Ismael Rivera con la orquesta de Rafael Cortijo.
En su adolesencia, cada vez que asistía a alguna fiesta gozaba de bailar y corear las canciones de moda. "Cuando bailaba con las muchachas les cantaba las canciones. Era algo espontáneo", comenta. Percibiendo su afición por la canción, su madre lo indujo a tomar clases formales de canto en inglés. Allí aprendió las claves de la entonación que luego le sirvieron para su desempeno como artista. Cuenta que solía acudir a las noches de El Palladium junto a su hermana mayor Elba y que mientras las orquestas tocaban se paraba frente a la tarima a contemplar las ejecutorias de aquellos grandes músicos.
"En aquel tiempo me quedaba bobo mirando a las orquestas. Ésa es la época más linda que puedo recordar y dudo que habrá otra como ésa. Eso sí, en ese momento jamás me pasó por la cabeza que iba a estar algún día en esa posición y que llegaría a ser cantante", sostiene. Entretanto, Ismael Quintana seguía cultivando su pasión musical junto a sus amigos. Narra que solían reunirse todas las tardes en las calles de su vecindario a tocar encima de los bonetes de los carros al tiempo que tarareaban las melodías más sonadas en la radio.
De esa manera fue ganando adeptos como percusionista, porque era, de entre los muchachos de su edad, quien mejor golpeaba las simuladas tumbadoras. Así, una vez se graduó de cuarto ano de la escuela superior Samuel Gompers, en 1955, recibió su primera invitación para integrar un conjunto musical.
"Todos mis amigos estaban en la banda de la escuela, mientras a mí lo que me gustaba era jugar béisbol. Como ellos eran músicos quisieron formar un grupo y me llamaron porque necesitaban un bongosero. Me preguntaron si tenía un bongó y les dije que sí porque me gustó la idea. La verdad es que no tenía nada y fui corriendo donde mi mamá y le pedí que me lo comprara", recuerda el salsero. La iniciativa de armar la orquesta fue de uno de sus amigos apodado Baley, quien consiguió la oportunidad de presentarse en un baile en el hotel Belvedere de Nueva York. Hasta ese momento, los temas que habían ensayado eran instrumentales, puesto que no contaban con un cantante.