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Blanco: de un lecho seco a amenaza

2025-11-03 208 Dailymotion

Blanco: de un lecho seco a amenaza

El río Blanco de Jimaní, que alguna vez bajó con fuerza desde las montañas haitianas de la cordillera de la Selle hasta llegar a la provincia Independencia en la frontera dominicana, hoy yace convertido en un lecho árido, cubierto de grava, piedras y sedimentos.
Desde hace más de 60 años, sus aguas solo corren con intensidad durante tormentas o lluvias fuertes, pero lo hacen de manera violenta: erosionan terrenos, destruyen propiedades agrícolas y arrastran materiales que impiden el crecimiento de nueva vegetación. Lo que antes fue fuente de vida, ahora se percibe como amenaza. En ocasiones, cuando baja limpio, sirve para riego y consumo, pero lo habitual es que llegue cargado de residuos.
El mayor cambio ocurrió en la cuenca alta del lado haitiano, donde la deforestación ha sido masiva. La presión del consumo de carbón vegetal en Haití dejó montañas desnudas, sin árboles que frenen la erosión ni regulen el ciclo del agua. Ese deterioro ambiental también impacta a Jimaní, donde la pérdida de bosques ha incrementado la escorrentía y la vulnerabilidad de las comunidades ribereñas.
Cada tormenta puede convertirse en un torrente incontrolable, arrastrando tierra, piedras y todo lo que encuentra a su paso. Esa fragilidad quedó marcada en mayo del 2004, cuando una crecida repentina del río, alimentada por lluvias intensas en la cordillera de la Selle, se desbordó de madrugada y provocó más de 400 muertes, cientos de desaparecidos y un pueblo traumatizado para siempre.
Aunque en Haití el corte de árboles se tolera culturalmente, en ambos países es ilegal hacerlo sin permisos. La presión sobre la cobertura forestal sigue siendo crítica: entre 2001 y 2024 Haití perdió más de 81,000 hectáreas de bosque, casi un 10 % de su cobertura arbórea del año 2000, según datos del portal Global Forest Watch.